Título: FINANCIAMIENTO AGROPECUARIO. Desafío para el Uruguay

Material recopilado y editado por el Instituto Plan Agropecuario con el apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Enero 2003.

Publicación disponible en nuestras oficinas de Montevideo.

Indice

- Prólogo: La opinión de los protagonistas. Ing. Agr. Rafael Gallinal (ARU)

- Introducción. Ing. Agr. Martín Aguirrezabala (MGAP)



- Capítulo 1: Antecedentes
      1.1
El porqué de esta publicación. Instituto Plan Agropecuario
 
     1.2 Financiamiento del sector agropecuario: evolución reciente, situación actual y perspectivas.
            Ec. Fernando Antía (OPYPA - MGAP)

-
Capítulo 2: El agro como cartera de inversión
      2.1
Ventajas y fortalezas del sector para captar inversiones. Dr. Roberto Vázquez Platero (INAC)
    
  2.2 Aspectos a tener en cuenta al invertir en el agro. Instituto Plan Agropecuario

- Capítulo 3: Algunas herramientas y/o figuras financieras disponibles y/o posibles para el agro en el Uruguay

      3.1
Disponibles. Instituto Plan Agropecuario
            3.1.1 Sociedades Anónimas
            3.1.2 Fondos de Inversión
            3.1.3 Factoring
      3.2 Posibles
            3.2.1 Fideicomiso. Instituto Plan Agropecuario
            3.2.2 Fondo Agrícola / Pool de Siembra. Lic. P. Lanusse (Argentina)
            3.2.3 Leasing. Instituto Plan Agropecuario
            3.2.4 Fondos inmobiliarios y Pactos de Retroventa (Bono Tierra)
                     Ing. Agr. F. Lorenzo & B. Lanzilotta (CINVE)
            3.2.5 Titulación de Ganado. J. Arias (BNA, Colombia)
            3.2.6 Créditos indexados. Ec. D. Alfaro (ARU - IECON)

- Capítulo 4: El riesgo en el sector
      4.1
Características del riesgo en el sector agropecuario. Ing. Agr. (M.Agric. Sc) V. Plata (UPCT-MGAP)
      
4.2 Los seguros agrarios. Ing. Agr. F. Vila (OPYPA-MGAP)
      
4.3 Mercado de futuros y opciones. Instituto Plan Agropecuario
     
4.4 Warrants agropecuarios. Instituto Plan Agropecuario

- Capítulo 5: Financiamiento Institucional: Las AFAPs en el sector agropecuario. Ec. Ana Inés Zerbino (República AFAP)
      5.1 Funcionamiento del sistema de capitalización individual.
      5.2 Inversiones permitidas para las AFAPs.
      5.3 Composición de los fondos previsionales.
      5.4 Requisitos formales para que las AFAPs puedan invertir en el sector privado.
      5.5 Límites para invertir en instrumentos privados.
      5.6 El proceso de decisión de inversiones en el sector privado.
      5.7 Posibilidades de las AFAPs de invertir en el agro.
      5.8 Concepto de Fondo de Inversión Cerrado.
      5.9 Estimación de los costos de los Fondos de Inversión Cerrados.

- Capítulo 6: Conclusiones. Dr. Manuel Otero (IICA)

- Bibliografía de referencia

- Anexos:
   
Anexo 1: Fondos de tierras: una alternativa para el financiamiento de la producción agropecuaria.
                  Ing. Agr. Dr. Alfredo E. Picerno (OPYPA-MGAP)

    Anexo 2: Fondos de financiamiento de la actividad lechera (FFAL)
                  Ing. Agr. Juan Peyrou & Ec. Mayid Sáder Neffa (OPYPA-MGAP)

EL PORQUÉ DE ESTA PUBLICACIÓN - Instituto Plan Agropecuario

Si bien las condiciones del marco externo en que se desenvuelve el sector agropecuario experimentaron cambios importantes en el correr del 2002, la problemática financiera en su más amplia acepción (crédito y endeudamiento), mantiene restricciones importantes. En enero de 2002, mientras la economía regional iniciaba una serie de problemas que se verían agravados posteriormente, en el ámbito local la economía ya mostraba signos de debilitamiento y se podía avizorar que los problemas financieros y económicos no tardarían en instalarse. Esto impulsó al Gobierno a través del MGAP, a implementar una serie de medidas tratando de superar estos escollos. Dentro de ese marco crítico, el Plan Agropecuario, con el apoyo de gremiales del interior, realizó una serie de eventos que tuvieron por objetivo informar sobre las oportunidades, las limitantes y los requisitos existentes, tanto a demandantes de financiamiento provenientes del sector agropecuario como a posibles inversores externos al mismo, previendo que los problemas financieros se agudizarían y que sería necesario contar con apoyo financiero extrasectorial. También organismos internacionales como el BID y el IICA se sumaron a la tarea de generar foros de discusión, con el fin de acelerar la adopción de instrumentos innovadores de financiamiento y de acercar experiencias novedosas implementadas en otros países.

Posteriormente la realidad acompañó este camino y reforzó el argumento planteado en sus orígenes. La crisis bancaria, la iliquidez e incertidumbre fueron sinérgicas a la propuesta y permitieron el desarrollo de negocios entre particulares hasta estos días, a veces dentro de proyectos ya consolidados, y otras como simple acuerdo entre las partes. También esfuerzos conjuntos del Poder Ejecutivo, AFAPS, BROU, Bolsa de Valores, entre otros, en apoyo a distintos agentes del sector privado, han permitido disponer de otras modalidades no tradicionales de financiamiento de la actividad productiva. Sin embargo para profundizar el desarrollo de estas iniciativas y ampliar su alcance y dimensión, de manera que el financiamiento hacia el sector agropecuario adquiera la escala y fluidez necesarias, se precisa aún del esfuerzo innovador de muchos actores. Esta publicación pretende contribuir a una siguiente y necesaria etapa, dedicada al desarrollo de nuevos instrumentos y herramientas, adaptadas a las condiciones y requerimientos del sector y sus empresas. La intención es poner al alcance un material objetivo y conciso recopilando las experiencias, los avances y los esfuerzos detallados al principio, que permita informar a todos los posibles interesados y al mismo tiempo identificar y proponer nuevas alternativas e instrumentos a incorporarse en la agropecuaria nacional.

Nuevo marco de financiamiento para la agropecuaria del Uruguay

Hasta hace pocos años, el agro uruguayo e caracterizaba por una débil presencia de inversores ajenos al sector; fenómeno que se ha ido revirtiendo notoriamente en los últimos tiempos. Numerosas son las razones que limitaron el acceso de estos inversores en el pasado, sin embargo la actual coyuntura ha propiciado condiciones como para que este tema sea tratado con mayor profundidad y celeridad.

El sector agropecuario se financia prácticamente en su totalidad en forma bancaria. Dentro de este financiamiento el BROU financia el 85% del capital(*). Esta situación ha generado y continúa generando un endeudamiento progresivo que ha crecido a una tasa 4 veces superior al Producto Bruto Agropecuario en los últimos 5 años. Más allá de las razones que puedan haber provocado esta realidad, se hace imperioso diseñar nuevas fuentes financieras que se ajusten mejor a las capacidades y posibilidades de las empresas. En este sentido, a pesar que el Uruguay es un país meramente agro exportador, el agro no es un sector conocido y menos reconocido como tal, por el resto de los sectores de la sociedad. Esto implica que sus propuestas comúnmente tengan en el resto de la sociedad un auditorio refractario y desinformado. Existe una creencia generalizada que el sector históricamente se ha beneficiado con numerosas refinanciaciones y prórrogas. También se ha destacado por algunos inversores, el notorio énfasis que las instituciones rurales y los propios productores a la hora de plantear sus propuestas, usualmente le ponen a las complejidades de la actividad agropecuaria, y en particular al negocio ganadero y su rentabilidad. Todos aspectos que provocan preocupaciones y recelo a posibles inversores en el mismo. Desde otro punto de vista, hoy el sector agropecuario posee tecnología e infraestructura como para duplicar su producción, y el no utilizarla no solo implica resignar oportunidades, sino correr el riesgo de caer en la obsolescencia productiva y comercial. Por lo anterior, la necesidad de inversión de fuentes no tradicionales no solo se justifica para un tratamiento del endeudamiento del sector, sino que también estaría sustentada por una imperiosa exigencia de crecimiento sobre bases menos riesgosas. En este sentido, cabe recordar que desde el punto de vista legal a través de la Ley de Inversiones (1996), el agro tiene la posibilidad de captar ahorristas y desarrollar instrumentos financieros para los mismos.

Limitantes de las fuentes de financiación tradicionales

  • No plantean una estrategia integradora donde se puedan compartir riesgos.
  • Tasas de interés elevadas, variables e impredecibles.
  • No están alineados a la renta del negocio a financiar.
  • Plazos de pago no acordes a los ciclos biológicos.
  • Trámites engorrosos.
  • Exigencias de garantías hipotecarias o prendarias con márgenes de cobertura que superan las posibilidades.

Las dificultades de inversión y liquidez ponen en claro la exigencia de promover herramientas financieras sinérgicas a los procesos productivos de manera de colaborar a la articulación de toda la cadena y/o a la supervivencia de las empresas. En los últimos tiempos han surgido diferentes modalidades de integración / capitalización capaces de conectar a los productores ganaderos con inversores. La actual relación de precios da márgenes para lograr rentabilidades competitivas para el momento. Por otra parte los tradicionales destinos de las inversiones ya no son tan rentables, e incluso transmiten alguna cuota de inseguridad a los inversores. Por este motivo se detectan oportunidades para la inversión en la agropecuaria. Adicionalmente dada la situación en la que están inmersas las entidades bancarias, con líneas de créditos suspendidas, sumado a la incertidumbre que se ha generado en los ahorristas locales por los problemas regionales, queda en relieve la trascendencia del tema y justifica plenamente su discusión. En ese sentido esta publicación intenta clarificar el punto tratando de hacer accesible el tema y lograr la mejor comprensión de los lectores.

El fundamento de esta publicación se basa en la necesidad de contar con instrumentos financieros más adaptados a las exigencias del negocio, explotando la oportunidad de la coyuntura actual e intentando que lo generado o a realizar persista en el tiempo a través de un rediseño continuo.

Esta actitud, de generalizarse, permitirá sin dudas una corriente de cambios que obligará a las empresas a especializarse y adaptarse a exigencias diferentes a las habituales, y a los inversores les proporcionará un menú de ofertas mucho más amplio. Dentro de estos inversores podrán estar entre otros, las AFAPs y los Fondos de Inversión independientes. Ambos hasta hace poco era impensable que fijaran su interés en el sector, primero por una cuestión de rentabilidad, debido a que contaban con una oferta de títulos públicos muy segura y a tasas elevadas, fenómeno que ha desaparecido en la actualidad. Segundo, porque la oferta de proyectos confiables era escasa.

En la actualidad es clara la necesidad de contar con instrumentos financieros más adaptados a las exigencias y posibilidades de los sistemas de producción y/o a los productores. Las empresas agropecuarias deben sortear múltiples escollos para obtener créditos. Sin embargo no es un secreto que algunas de ellas poseen gran dinamismo, capacidad de adaptación y representan una de las fuentes más importantes de creación de empleo (directo e indirecto) y riqueza en el país, rasgos que se acentúan en las economías regionales. Sin embargo, de acuerdo a un estudio del Instituto de Economía(*), de cada cinco dólares de crédito disponible en el circuito financiero, las empresas rurales no llegan a conseguir uno. Por lo general, para financiarse tienen que acudir a créditos con plazos inadecuados, con altas tasas de interés y severas exigencias de garantías, muchas veces mayores a las que pueden justificar. Por otra parte las exigencias de la propia integración generan un marco atractivo para los inversores, entre otras razones por: la necesidad de establecer contratos, la posibilidad de ser auditable, por tener escala, por su capacidad de ofrecer rentas mínimas, por riesgos acotados, por ofrecer sistemas de trazabilidad, etc. El MGAP a través de la fase II del Proyecto Ganadero, estableció incentivos a través de subsidios para emprendimientos asociativos, que tuvieran la condición de articular varios eslabones de la cadena agroindustrial a través de propuestas innovadoras de negocios. Este intento ha tenido una buena difusión, pero entendemos que se debe potenciar con emprendimientos independientes que desde la órbita privada generen, mantengan y rediseñen propuestas de inversión y desarrollo en el sector agropecuario.

(*) Cr. Daniel Cairo Vila (Pte. del BROU) Diario El País Ent. Suplemento Económico 06/05/02