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EL PORQUÉ DE ESTA PUBLICACIÓN
- Instituto Plan Agropecuario
Si bien las condiciones del marco externo en que se desenvuelve
el sector agropecuario experimentaron cambios importantes en el
correr del 2002, la problemática financiera en su más
amplia acepción (crédito y endeudamiento), mantiene
restricciones importantes. En enero de 2002, mientras la economía
regional iniciaba una serie de problemas que se verían agravados
posteriormente, en el ámbito local la economía ya
mostraba signos de debilitamiento y se podía avizorar que
los problemas financieros y económicos no tardarían
en instalarse. Esto impulsó al Gobierno a través del
MGAP, a implementar una serie de medidas tratando de superar estos
escollos. Dentro de ese marco crítico, el Plan Agropecuario,
con el apoyo de gremiales del interior, realizó una serie
de eventos que tuvieron por objetivo informar sobre las oportunidades,
las limitantes y los requisitos existentes, tanto a demandantes
de financiamiento provenientes del sector agropecuario como a posibles
inversores externos al mismo, previendo que los problemas financieros
se agudizarían y que sería necesario contar con apoyo
financiero extrasectorial. También organismos internacionales
como el BID y el IICA se sumaron a la tarea de generar foros de
discusión, con el fin de acelerar la adopción de instrumentos
innovadores de financiamiento y de acercar experiencias novedosas
implementadas en otros países.
Posteriormente la realidad acompañó este camino y
reforzó el argumento planteado en sus orígenes. La
crisis bancaria, la iliquidez e incertidumbre fueron sinérgicas
a la propuesta y permitieron el desarrollo de negocios entre particulares
hasta estos días, a veces dentro de proyectos ya consolidados,
y otras como simple acuerdo entre las partes. También esfuerzos
conjuntos del Poder Ejecutivo, AFAPS, BROU, Bolsa de Valores, entre
otros, en apoyo a distintos agentes del sector privado, han permitido
disponer de otras modalidades no tradicionales de financiamiento
de la actividad productiva. Sin embargo para profundizar el desarrollo
de estas iniciativas y ampliar su alcance y dimensión, de
manera que el financiamiento hacia el sector agropecuario adquiera
la escala y fluidez necesarias, se precisa aún del esfuerzo
innovador de muchos actores. Esta publicación pretende contribuir
a una siguiente y necesaria etapa, dedicada al desarrollo de nuevos
instrumentos y herramientas, adaptadas a las condiciones y requerimientos
del sector y sus empresas. La intención es poner al alcance
un material objetivo y conciso recopilando las experiencias, los
avances y los esfuerzos detallados al principio, que permita informar
a todos los posibles interesados y al mismo tiempo identificar y
proponer nuevas alternativas e instrumentos a incorporarse en la
agropecuaria nacional.
Nuevo marco de financiamiento para la agropecuaria
del Uruguay
Hasta hace pocos años, el agro uruguayo e caracterizaba
por una débil presencia de inversores ajenos al sector; fenómeno
que se ha ido revirtiendo notoriamente en los últimos tiempos.
Numerosas son las razones que limitaron el acceso de estos inversores
en el pasado, sin embargo la actual coyuntura ha propiciado condiciones
como para que este tema sea tratado con mayor profundidad y celeridad.
El sector agropecuario se financia prácticamente en su totalidad
en forma bancaria. Dentro de este financiamiento el BROU financia
el 85% del capital(*). Esta situación ha generado y continúa
generando un endeudamiento progresivo que ha crecido a una tasa
4 veces superior al Producto Bruto Agropecuario en los últimos
5 años. Más allá de las razones que puedan
haber provocado esta realidad, se hace imperioso diseñar
nuevas fuentes financieras que se ajusten mejor a las capacidades
y posibilidades de las empresas. En este sentido, a pesar que el
Uruguay es un país meramente agro exportador, el agro no
es un sector conocido y menos reconocido como tal, por el resto
de los sectores de la sociedad. Esto implica que sus propuestas
comúnmente tengan en el resto de la sociedad un auditorio
refractario y desinformado. Existe una creencia generalizada que
el sector históricamente se ha beneficiado con numerosas
refinanciaciones y prórrogas. También se ha destacado
por algunos inversores, el notorio énfasis que las instituciones
rurales y los propios productores a la hora de plantear sus propuestas,
usualmente le ponen a las complejidades de la actividad agropecuaria,
y en particular al negocio ganadero y su rentabilidad. Todos aspectos
que provocan preocupaciones y recelo a posibles inversores en el
mismo. Desde otro punto de vista, hoy el sector agropecuario posee
tecnología e infraestructura como para duplicar su producción,
y el no utilizarla no solo implica resignar oportunidades, sino
correr el riesgo de caer en la obsolescencia productiva y comercial.
Por lo anterior, la necesidad de inversión de fuentes no
tradicionales no solo se justifica para un tratamiento del endeudamiento
del sector, sino que también estaría sustentada por
una imperiosa exigencia de crecimiento sobre bases menos riesgosas.
En este sentido, cabe recordar que desde el punto de vista legal
a través de la Ley de Inversiones (1996), el agro tiene la
posibilidad de captar ahorristas y desarrollar instrumentos financieros
para los mismos.
Limitantes de las fuentes de financiación
tradicionales
- No plantean una estrategia integradora donde se puedan compartir
riesgos.
- Tasas de interés elevadas, variables e impredecibles.
- No están alineados a la renta del negocio a financiar.
- Plazos de pago no acordes a los ciclos biológicos.
- Trámites engorrosos.
- Exigencias de garantías hipotecarias o prendarias
con márgenes de cobertura que superan las posibilidades.
Las dificultades de inversión y liquidez ponen en claro
la exigencia de promover herramientas financieras sinérgicas
a los procesos productivos de manera de colaborar a la articulación
de toda la cadena y/o a la supervivencia de las empresas. En los
últimos tiempos han surgido diferentes modalidades de integración
/ capitalización capaces de conectar a los productores ganaderos
con inversores. La actual relación de precios da márgenes
para lograr rentabilidades competitivas para el momento. Por otra
parte los tradicionales destinos de las inversiones ya no son tan
rentables, e incluso transmiten alguna cuota de inseguridad a los
inversores. Por este motivo se detectan oportunidades para la inversión
en la agropecuaria. Adicionalmente dada la situación en la
que están inmersas las entidades bancarias, con líneas
de créditos suspendidas, sumado a la incertidumbre que se
ha generado en los ahorristas locales por los problemas regionales,
queda en relieve la trascendencia del tema y justifica plenamente
su discusión. En ese sentido esta publicación intenta
clarificar el punto tratando de hacer accesible el tema y lograr
la mejor comprensión de los lectores.
El fundamento de esta publicación se basa en la necesidad
de contar con instrumentos financieros más adaptados a las
exigencias del negocio, explotando la oportunidad de la coyuntura
actual e intentando que lo generado o a realizar persista en el
tiempo a través de un rediseño continuo.
Esta actitud, de generalizarse, permitirá sin dudas una
corriente de cambios que obligará a las empresas a especializarse
y adaptarse a exigencias diferentes a las habituales, y a los inversores
les proporcionará un menú de ofertas mucho más
amplio. Dentro de estos inversores podrán estar entre otros,
las AFAPs y los Fondos de Inversión independientes. Ambos
hasta hace poco era impensable que fijaran su interés en
el sector, primero por una cuestión de rentabilidad, debido
a que contaban con una oferta de títulos públicos
muy segura y a tasas elevadas, fenómeno que ha desaparecido
en la actualidad. Segundo, porque la oferta de proyectos confiables
era escasa.
En la actualidad es clara la necesidad de contar con instrumentos
financieros más adaptados a las exigencias y posibilidades
de los sistemas de producción y/o a los productores. Las
empresas agropecuarias deben sortear múltiples escollos para
obtener créditos. Sin embargo no es un secreto que algunas
de ellas poseen gran dinamismo, capacidad de adaptación y
representan una de las fuentes más importantes de creación
de empleo (directo e indirecto) y riqueza en el país, rasgos
que se acentúan en las economías regionales. Sin embargo,
de acuerdo a un estudio del Instituto de Economía(*), de
cada cinco dólares de crédito disponible en el circuito
financiero, las empresas rurales no llegan a conseguir uno. Por
lo general, para financiarse tienen que acudir a créditos
con plazos inadecuados, con altas tasas de interés y severas
exigencias de garantías, muchas veces mayores a las que pueden
justificar. Por otra parte las exigencias de la propia integración
generan un marco atractivo para los inversores, entre otras razones
por: la necesidad de establecer contratos, la posibilidad de ser
auditable, por tener escala, por su capacidad de ofrecer rentas
mínimas, por riesgos acotados, por ofrecer sistemas de trazabilidad,
etc. El MGAP a través de la fase II del Proyecto Ganadero,
estableció incentivos a través de subsidios para emprendimientos
asociativos, que tuvieran la condición de articular varios
eslabones de la cadena agroindustrial a través de propuestas
innovadoras de negocios. Este intento ha tenido una buena difusión,
pero entendemos que se debe potenciar con emprendimientos independientes
que desde la órbita privada generen, mantengan y rediseñen
propuestas de inversión y desarrollo en el sector agropecuario.
(*) Cr. Daniel Cairo Vila (Pte. del BROU) Diario
El País Ent. Suplemento Económico 06/05/02
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